II JORNADA DE GEOGRAFÍA UFRO: “Territorio, Educación y Desarrollo Local” 12 DE 05 2005

Microempresas de Turismo En la Araucanía Andina: Asociatividad  y Desarrollo Territorial

Patrick Donovan y Gonzalo Bravo[1]

Introducción

El en contexto de la Mesa  “Asociatividad para el Desarrollo Local” de la II Jornada de Geografía “Territorio, Educación y Desarrollo Local”, esta presentación comparte un avance de la investigación que realizamos a nivel de la Precordillera con microempresas en el rubro turismo, en el marco más general del estudio internacional sobre “Creación de Riquezas en contexto de Precariedad: una comparación Norte-Sur y Sur-Sur (2003-2005)”.

Para los fines del evento, la presentación focalizará el estudio sobre microempresas en turismo en la Precordillera, territorio con vocación turística, en torno a su relación con las temáticas de asociatividad y desarrollo local.

El estudio parte reflexionando sobre las microempresas, sus potencialidades,  la importancia de la asociatividad y  sus diversas formas: (asociatividad a nivel de la unidad operativa, asociatividad entre las microempresas, asociatividad de los microempresarios con los diversos actores locales),  con miras al desarrollo territorial y a la construcción de una nueva forma participativa de gestión territorial

En un segundo momento, la reflexión se torna empírica. Buscamos determinar:  ¿cuál es la potencialidad de las microempresas turísticas para dinamizar el desarrollo territorial de la Precordillera de la IX Región de la Araucanía? Por otro lado, ¿cómo es percibido el consejo público-privado Araucanía Andina por los informantes entrevistados?

El estudio se refiere a una investigación que hemos realizado durante el 2003 y el 2004, investigación sobre doce microempresas turísticas que participan en esta asociación público-privada. Las entrevistas fueron realizadas a partir de una muestra intencionada de veinte y cuatro informantes que se distribuyen en el sistema de acción local y extra-local de la zona (empresarios turísticos, funcionarios municipales, funcionarios del Gobierno Regional, un ex-alcalde). Nos han proporcionado una serie de datos que se utilizarán en este estudio.

I. La pequeña producción, la asociatividad,  el desarrollo territorial y nuevas formas de gestión territorial: la movilización y concertación    de actores público-privados

Se ha estudiado la pequeña producción en Chile desde varios enfoques teóricos con la preocupación de precisar sus características y relaciones con el conjunto de la economía, y como, a partir de estos planteamientos, derivar una o otra política respecto de su comportamiento y evolución (Hidalgo, s/f). Una pregunta central se centra sobre la potencialidad de la pequeña producción para dinamizar la economía de una micro región y fomentar el bienestar social.

La pequeña producción

A modo ilustrativo, se pueden enumerar los siguientes enfoques: 

·       La teoría de la Marginalidad,
·       la teoría del Sector Informal Urbano (con sus variantes: bajo condiciones de autonomía; bajo condiciones de integración; enfoques que postulan la subordinación; heterogeneidad de la inserción mercantil de las microempresas del sector informal);
·       las Organizaciones Económicas Populares y el proyecto de Economía Solidaria;
·       la Pequeña Producción y la Microempresa.

Estos enfoques utilizan diversos nombres para referirse a este tipo de economía: Economía Popular, Economía Social y Solidaria, Economía Informal, Economía del Trabajo, Pequeña Producción y Microempresas, etc.

Sin embargo se encuentra también una definición relativamente común de dichas unidades cuando se las identifica como unidades económicas autónomas de las unidades productivas del sistema económico nacional y unidades económicas que deben crear sus propios mecanismos de  producción para “parar la olla” y procurar el sustento de sus hogares. No quita que un segmento de estas unidades de producción entran a operar con las cadenas productivas más modernas, dinámicas y de mayores recursos[2].

Se reconoce también que la pequeña unidad de producción constituye una economía “de base” en cuanto al sistema local de intercambio. Se plantea también que buena parte de la economía popular es una estrategia de organización colectiva. En ciertas condiciones, una parte de la economía popular puede servir de caldo de cultivo para una economía social y solidaria y pasar al piso de la economía de mercado (Vershave, 1994ª y Baudel, 1985 in  Fall y Favreau, 2003).

Hoy día se empieza a prestar mayor atención a este sector socioeconómico y a sus potencialidades. Crece quienes plantean que estas pequeñas  unidades de producción pueden desempeñar un rol importante dentro de las nuevas condiciones de desarrollo que prevalecen. Dicho enfoque se niega a considerar a la pequeña producción y las microempresas como meros componentes residuales de modelos económicos excluyentes, sino dichas unidades, según las características de los actores y del entorno, pueden ocupar un lugar protagónico.

De todas maneras, estas unidades económicas de pequeña producción, a pesar de sus condiciones precarias, reúnen a la mayor parte de nuestro pueblo, tanto a nivel de la ciudad como del campo (Hidalgo, s/f). Efectivamente, importantes sectores de la población deben buscar sus propios mecanismos de sustento, por la utilización de un fondo de trabajo, con el objetivo de lograr la reproducción transgeneracional de la vida biológica y cultural de sus miembros (Coraggio, s/f).

Esta lógica de “acumulación” o de “mercado”, que se observa en un segmento de la economía popular, no responde forzosamente a las leyes de la acumulación capitalista de valor. Según Coraggio (s/f), aunque algunos de sus elementos pueden tener un valor remisible en el mercado, lo que predomina en su configuración es su valor de uso. Hidalgo confirma este punto de vista cuando afirma que estas pequeñas unidades económicas son percibidas como formas productivas de bienes y servicios que expresan la centralidad del trabajo y las características de la cultura popular de nuestros países expresadas en el plano de la economía productiva.

Salam Fall y Favreau (2003) apuntan en esta misma dirección cuando plantean que si se analizan las prácticas económicas desde el punto de vista de los actores, se observa que éstas implementan estrategias de subsistencia y de desarrollo, así como redes sociales donde predomina el factor trabajo y la cooperación entre pares más que el factor capital y el espíritu empresarial inscrito en una lógica mercantil (Ortiz et Munoz, 1998 ; Larrachea et Nyssens, 1994 ; Ortiz, 1994 ; Razeto, 1990).

Inclusive, Salam Fall y Favreau (2003) reconocen que la economía popular, por ciertas de sus formas de actividades y de organización, se aproximaría a la economía social y solidaria, en particular las organizaciones económicas populares y las microempresas familiares. Plantean que estas nuevas formas productivas empiezan progresivamente a ser consideradas como anclaje esencial para un desarrollo económico durable.

Si se precisa más, se puede considerar que la economía popular reviste formas de economía social cuando ésta conlleva esfuerzos colectivos que apuntan a un bienestar social, donde el valor central es el trabajo y el desarrollo económico-social de una población determinada, y no la mera acumulación privada.

De allí que se prestó especial atención en este estudio a los esfuerzos de microempresarios de esta zona de la Precordillera de la Araucanía  para fortalecer el sector económico del turismo a nivel territorial y para incrementar su articulación con más actores sociales y económicos locales, en una perspectiva programática de desarrollo local comunitario.
           
Analistas sociales han identificado condiciones que favorecen el paso de las iniciativas económicas populares de un nivel de subsistencia o sobrevivencia a un nivel de desarrollo (Salam Fall y Favreau, 2003) que las puede convertir en la base de un desarrollo humano territorial. Las condiciones planteadas son:

1. “La primera condición de esta transformación se relaciona a la sociedad civil local: a) la conomía se apoya sobre el capital social interno y externo; b) los responsables de los proyectos se organizan movilizando un financiamiento de apoyo, interno y externo (micro-crédito y micro-finanzas por ejemplo) y un entorno favorable (Vigier, 1995)

2. Una segunda condición: es de tener un Estado activo: a) que asegura su apoyo por ciertas políticas públicas; b) por legislaciones específicas, más específicamente en materia fiscal; c) en el marco de las nuevas formas de gobernanza local, por ejemplo alianzas público-privadas entre asociaciones, ONG, municipalidades, agrupaciones de pequeños emprendedores o comerciantes (Hansenne, 1999; Reilly, 1995; González e Hidalgo,1995) lo que hace posible la acumulación a otra escala: el apoyo a la puesta en red (asociaciones de pequeños emprendedores por ejemplo) y apoyo a la creación de dispositivos de formación y de comercialización, entre otros” (Salam Fall y Favreau, 2003).

Se argumenta que, aún si muchas de estas iniciativas populares han quedado durante mucho tiempo en la sombra, a razón en buena parte de su carácter generalmente localizado, estas nuevas formas de solidaridad empiezan progresivamente a ser consideradas como un punto de anclaje esencial para un desarrollo económico durable (Salam Fall y Favreau, 2003).

Sin negar la importancia del capital financiero y de los recursos naturales, analistas sociales destacan la importancia de factores tales como los capitales intangibles, en particular el capital social y la organización de los actores, su movilización y asociación (Boisier; Salam Fall y Favreau,2003: González, 1999);  la calidad del producto y proceso;  la difusión de conocimiento y competencia del recurso humano para poder estructurar una economía local; un entorno favorable, un Estado activo (Bianchi y Parilli,2002; Salam Fall y Favreau, 2003).

Desde la nueva sociología del desarrollo territorial, estos diversas propuestas teóricas en torno a los factores de éxito de las pequeñas unidades de producción se reúnen en torno al concepto de capital sinergético, o sea el nivel de control que los actores de una región determinada logran tener de los diversos tipos de capitales, tangibles e intangibles (Bourdieu, 2001; Boisier, 1997; Vidal, 2005).

En resumen, dentro de las pequeñas unidades de producción se observa un sector más dinámico que puede alcanzar un desarrollo económico ampliado, sin forzosamente perder su orientación social.

La Asociatividad

En cuanto a  la problemática de la asociatividad entre microempresas, cabe reconocer que es un tema en debate. La asociatividad no aparece como un tema fácil lograr, menos entre microempresas. ¿Existe asociatividad entre microempresas? Estudios sobre asociatividad entre microempresas urbanas nombran a organizaciones como comerciantes ambulantes, feriantes o artesanos que lograron éxito de asociatividad. Sin embargo, la asociatividad entre microempresarios urbanos es caracterizada como un proceso limitado y emergente, en parte por su escasez de recursos. Se distingue entre una asociatividad económica para actuar con mayor éxito en el mercado, y una asociatividad político gremial que busca representar los intereses de los microempresarios ante los sistemas decisionales de la región y del país (González, 1999:120-123).

En cuanto a como se entiende la “asociatividad”, conviene precisar el tipo de preguntas que los analistas sociales suelen hacer a la realidad según  los niveles de estudio.

Al primer nivel, al interior de las microempresas, se suele buscar comprender las relaciones “en” la microempresa, es decir entre las personas y trabajadores que integran estas unidades económicas. A este nivel las preguntas apuntan a identificar si allí existen o predominan relaciones laborales horizontales, solidarias, cooperativas, o  bien relaciones verticales y subordinadas (González, 1999:20).  Además de las relaciones propiamente laborales, se observan también otros tipos de relaciones tales como las relaciones de género, las relaciones interétnicas, así como las relaciones entre roles familiares y roles laborales. Los datos recogidos mencionan también dichas relaciones.  Se incluye también un estudio de las relación que los micro empresarios establecen con sus visitantes, logrando por su “buena atención” crear redes de turistas que regresan año tras año, creando un vínculo entre las personas.

Al segundo nivel, los estudios se refieren a la relación que las microempresas tienen entre ellas, dimensión que más propiamente corresponde al uso que se da a la noción de “asociatividad” en América Latina.  Se suele distinguir las asociaciones de carácter “económicas” y las asociaciones de carácter “gremial”.

Las primeras tienen finalidades directamente comerciales y pueden ser para aumentar la escala de producción en vista a un pedido, para aumentar la escala de compra de un insumo y abaratar costos, para abastecerse de partes de un producto, u otras razones (González, 1999:21). Esta asociación puede llegar a formalizarse en encadenamientos productivos. Estas formas representan modalidades relevantes de asociatividad (Goske in González, 1999:171).

Las segundas pretenden representar los intereses de los pequeños productores ante el Estado u otros agentes, y, a veces para generar servicios de consumo interno para sus asociados. Esta asociatividad parece interesante de explorar en cuanto se conecta con el tema de la microempresa como potencial agente o actor interveniente en materias de políticas que le son importantes para su suerte como podría ser el comercio exterior o el fomento productivo (González, 1999:21).

Existe un tercer nivel en que se estudia la asociatividad referida a la relación entre las asociaciones microempresariales “con otros actores que actúen en los territorios locales”. Aquí interesa discutir si las agrupaciones de microempresas logran establecer relaciones de cooperación con otros agentes en función de objetivos comunes para el desarrollo local (comunal, zonal, microregional). En el sentido estricto, se trata aquí menos de asociatividad que de prácticas de articulación o de concertación entre actores locales o extra-locales. En este caso, los microempresarios se deben convertir en actores sociales orientados a manejarse en acciones de negociación, de planificación y de gestión de proyectos territoriales (González, 1999: 22).

Si bien aparece indispensable la creación a nivel local de actores y de redes solidarias para dinamizar la economía y las sociedades locales, cabe preguntarse también cuáles son los factores que influyen en la asociatividad. Al respecto los analistas sociales nombran factores tales como la identidad local (la existencia de una identidad territorial de un conjunto de sujetos, anclada en una historia común o problemas comunes, sin forzosamente llegar a tener la mismo visión frente a la situación), factores organizativos de la articulación (o sea factores operacionales tales como la organización de mesas de concertación, según una metodología apropiadas tales como lugares, momentos, modalidades de funcionamiento), factores psicosociales (en particular la confianza que favorece la emergencia de articulaciones locales), factores político ideológicos (visiones de los actores acerca de otros, lo que favorece o obstaculiza articulaciones). Estas propuestas teóricas no logran aún establecer un orden de jerarquía entre los factores señalados pero son necesarios para lograr dinamizar a la población local, a sus dirigentes y autoridades en una perspectiva de desarrollo local (González, 1999: 123-126; Boisier, 1999).

En resumen, la asociatividad entre microempresas no es fácil de alcanzar. Por otro lado, la asociatividad se puede entender a tres niveles distintos. Sin embargo, el nivel más importante para dinamizar el desarrollo local es el tercer nivel donde la asociatividad está referida a la relación entre las asociaciones microempresariales “con otros actores que actúen en los territorios locales”. Aquí interesa discutir si las agrupaciones de microempresas logran establecer relaciones de cooperación con otros agentes en función de objetivos comunes para el desarrollo local (comunal, zonal, microregional). En el sentido estricto, se trata aquí menos de asociatividad que de prácticas de articulación o de concertación entre actores locales o extra-locales. En este caso, los microempresarios se deben convertir en actores sociales orientados a manejarse en acciones de negociación, de planificación y de gestión de proyectos territoriales (González, 1999: 22).

La Pequeña Producción  y el  Desarrollo Territorial,

Hasta el momento se ha reflexionado sobre los actores locales del desarrollo territorial, reivindicando a los hombres y mujeres vinculados a la pequeña producción como actores potenciales del desarrollo territorial. Se ha insistido también sobre la importancia de la asociatividad para dinamizar la economía territorial, destacando un tipo específico de asociatividad que sobrepase el mero enfoque empresarial. Cabe ahora abordar la reflexión en torno al desarrollo territorial. Se observa efectivamenrte una creciente importancia del territorio y de la geografía en los procesos socioeconómicos, lo que ha originado un resurgimiento del interés por la conceptualización teórica de los factores determinantes y la dinámica del desarrollo territorial (Moncayo, 2001).

Diversos marcos conceptuales se ofrecen desde el siglo XIX hasta el presente para explicar las causas y condicionantes de la evaluación territorial al interior de las economías nacionales y regionales:  los aportes pioneros de la escuela alemana y las teorías- principalmente anglosajonas- del “alto” desarrollo aplicadas al ámbito subnacional, los enfoques de la acumulación flexible o “portfordista”, el “New Economic Geography” elaboradas recientemente por la academia norteamericana, a partir de las modernas teorías del crecimiento endógeno (Moncayo, 2001). El “desarrollo económico local” que se basa fuertemente en el concepto de territorio ha sido ganando espacio. Se enfoca el territorio como un sistema geográficamente no delimitado, es decir, que no coincide con las demarcaciones de una comuna. Este sistema tiene el potencial de convertirse en un agente del desarrollo, si los actores presentes en él se reconocen  entre sí y empiezan a vivenciar la interacción entre sí (Goske in González, 1999:167).

Por último, se anota que si bien aún no se ha llegado a una teoría unificada del espacio económico que integre las distintas corrientes de pensamiento en esta materia, sí se está produciendo una confluencia de los distintos paradigmas hacia una concepción integral del territorio, en la cual éste ya no sería un factor circunstancial que debe incorporarse al análisis del crecimiento económico, sino un elemento explicativo esencial de los procesos de desarrollo (Moncayo, 2001).

Por otra parte, desde la sociología del desarrollo local se observan también avances que se centran en la importancia de la movilización de los actores territoriales en torno a la meta concertada.  Al respecto, se plantea que existen “condiciones esenciales” para el éxito de un proyecto de desarrollo local: una fuerte toma de conciencia por parte de los elegidos locales, de la población y de los líderes; una voluntad común de intervenir expresada por parte de los interesados, una capacidad colectiva de iniciar y mantener un proceso de desarrollo, la valoración de los recursos humanos y materiales territoriales, un reconocimiento y apoyo por parte de las autoridades locales, regionales y nacionales (Vachon, 1993:120; Tremblay y Fortan, 1994: 273-373).

Cabe recalcar la importancia del planteamiento anterior que se puede reformular en forma inversa: el desarrollo territorial está llamado a fracasar si no se cuenta con la adquisición de nuevas visiones y actitudes por parte de los actores (población, dirigentes socio-territoriales, empresarios, autoridades locales y extra-locales).  De allí que se deben crear las condiciones originales para una toma de conciencia de la situación que va más allá de identificar una necesidad. Tiene que haber un acontecimiento “catalizador” que rompe la mera insatisfacción pasiva frente a una situación de frustración. Más aún, toda iniciativa inducida desde el exterior, si no logra ser apropiada por la población y traducida en compromisos firmes y durables, no tiene futuro (Vachon, 1993: 124; Arocena, 2001: 163).

El Desarrollo Turístico y el Desarrollo Territorial

Si ahora precisamos lo específico del desarrollo turismo y de la organización de los territorios, los análisis abordan el tema desde diversas disciplinas de las ciencias humanas, o sea desde la sociología, la antropología, la economía y la historia. La antropología ha prestado más atención sobre el tipo de turistas y sus comportamientos de consumidores (Graburn, 1983; Urbain, 1997), así como sobre el impacto cultural del turismo sobre el territorio de acogida. La historia establece la evolución de la práctica turística.

En el presente contexto de acción, las ciencias económicas aparecen de mucha importancia inmediata para guiar este proyecto. Éstas se interesan en el estudio de la rentabilidad de la actividad y sobre sus efectos de organización. De igual manera, se destaca la importancia de la sociología que concentra su atención en el rol de los actores, su perfil socio-económico y su habitus de emprendimiento, así como sobre la relación con la unidad turística y el visitante (Boyer, 1997;Cohen y Dann, 1991; Gauthier, 1982; Jafarí, 1988; Laplante, 1996; Mormont, 1985).

En el contexto de nuestro estudio, el desafío teórico-metodológico de complementar un territorio agroforestal en desaceleración con el desarrollo del sector turístico exige sin lugar a duda estudios económicos y sociales acabados para determinar las potencialidades de crecimiento del territorio, los recursos necesarios, los varios escenarios estratégicos posibles así como las estrategias económicas, sociales y políticas para lograr la movilización de las autoridades, de la población y de los líderes e integrar las diversas formas colectivas de capital, tangibles e intangibles, para conseguir lo propuesto.

Más aún, es también indispensable un ordenamiento territorial democrático, más que todo e una zona donde existen diversos actores con intereses divergentes tales como  empresarios forestales, campesinos y  empresarios en turismo. Es indispensable establecer reglas claras para el uso del territorio para proteger los intereses de unos y otros.

Nuevas formas de Gestión Territorial: movilización y concertación de actores público-privados


Estos nuevos enfoques sobre desarrollo territorial exigen entonces nuevas prácticas de gestión pública del territorio. Efectivamente, analistas sociales en Chile cuestionan el modelo vigente de gestión pública, más que todo en este nuevo contexto de la globalización (González, 1992:123: Falabella y Galdames, 2002). Se plantea la importancia de “Repensar el Desarrollo Chileno”, destacando la importancia del enfoque del desarrollo territorial, de una nueva gestión del país y la importancia de promover el tercer tipo de asociatividad analizado anteriormente, el y cadenas productivas.

Si bien los problemas son integrales, en la actualidad la política pública y la institucionalidad es sectorializada, dando lugar a una gestión compartimentalizada de dichos problemas integrales. Los estudios sociales plantean modelos alternativos de programación y gestión publica integrada y descentralizada donde la idea básica consiste en “iniciar un proceso que procure organizar la oferta gubernamental nacional” desde la “demanda ciudadana local y regional”. Ello exige también un gran esfuerzo de las mismas regiones y localidades para romper con sus propias inercias y con la “cultura centralista” (Correa, 2001).

¿En que consiste este modelo de programación y gestión alternativo? Los desafíos del desarrollo local y regional, o los problemas sociales, tienen una naturaleza multi-dimensional y  compleja, estando compuestos por diferentes elementos, entrelazados entre sí, de forma que constituyen verdaderos “sistemas”. Asumiendo ello como punto de partida, se propone elaborar planes y programas que recojan, de manera integrada, esta naturaleza multifacético de un determinado problema social o desafío de desarrollo. Las soluciones diseñadas consistirían, entonces, en un conjunto de componentes y actividades estructuradas a partir de este todo homogéneo o “sistema”, y programadas teniendo en cuenta sus interrelaciones y retroalimentaciones que existen entre esos componentes (Correa, 2001).

Desde esta demanda sistémica, las municipalidades y los Gobiernos regionales podrían  exigir a las instituciones centrales del Gobierno nacional que “se pongan” con programas o instrumentos específicamente diseñados para dar cuenta de aquellas necesidades.

Más aún, este modelo da lugar a procedimientos para diseñar y gestionar programas integrados descentralizados (diagnóstico participativo, elaboración participativa del plan o programa integrado, organización de la oferta desde la demanda, programación sectorial desde los programas integrados, gestión integrada de los recursos para el financiamiento de los programas integrales) (Correa, 2201). Se plantea también la importancia de la estrategia de la concertación de actores, público-privado, público-público, privado-privado ((Vachon, 1993; Tremblay y Fortan, 1994; Nicod, 1999). Estos modelos alternativos dan lugar también a cambios necesarios para que el modelo alternativo pueda llegar a institucionalizarse, cambios a la vez en las instancias y aspectos del nivel nacional, así como cambios a nivel regional y en la relación región-municipalidades y a nivel local en la relación con el sector privado, la sociedad civil y la participación (autoridades municipales; asociativismo municipal para el desarrollo; alianzas estratégicas entre municipalidades,  el sector privado y la sociedad civil; municipios, la sociedad civil y la participación) (Correa, 2001).
En esta misma línea, Nicod (1999), recalcando una serie de cambios (cambio del rol del Estado, crisis de los partidos políticos, crisis de gobernabilidad, crisis de la democracia representativa, redefinición de las relaciones estado-sociedad) que crean nuevos escenarios del desarrollo y de la gestión territorial, plantea una nueva práctica socio-política: la concertación público-privada. La define como “un proceso de deliberación entre el Estado y la ciudadanía que conduce a la obtención de acuerdos voluntarios, conciliando intereses diversos” (Thevoz, 1997).

El estudio de numerosos casos en América Latina de construcción de alianzas de distintos tipos (corporación de desarrollo, consejos público-privados, etc.), así como de la reflexión de otras personas trabajando el tema (Laurent Thovez en Bolivia, Camilo Villa Van Cotthem en Colombia, etc.) llega a una serie de conclusiones:

·  “En territorios donde no existe una cultura de construcción de alianza, los acuerdos logrados para  acciones a corto plazo tuvieron más éxito que los procesos de concertación que tiene como objetivo realizar planes de desarrollo a largo plazo. Es decir es necesario construir un nivel de confianza entre los diferentes actores involucrados, a través de resultados concretos antes de pretender abordar problemáticas integrales y de largo aliento.

·  Las metodologías de planificación estratégica participativa desarrolladas en la última década en varios países de América Latina y aplicados por gran cantidad de municipios, si bien logra identificar la demanda social, solo en escasos municipios logró la aproximación y compromisos de la sociedad civil para la ejecución de la propuesta elaborada.

·  Muchas veces las reglas de juego del proceso de concertación (quien asume el liderazgo, el valor de las decisiones tomadas, quienes son los participantes, la modalidad de la toma de decisión, los mecanismos de seguimiento y evaluación de las decisiones tomadas) no se definen con claridad al inicio del proceso de concertación. Esto es un factor en la construcción de alianzas” (Nicod, 1999:14-15).

Cabe recalcar la coherencia de los hallazgos de Nicod y de Vachon en cuanto a la importancia de los procesos de capacitación y de formación de los actores, una calificación de las personas y colectividades (población, dirigentes socio-territoriales, empresarios, autoridades locales y extra-locales)  así como una adaptación de las instituciones (locales, regionales y nacionales) a esta nueva realidad. En otras palabras, no bastan nuevas estructuras para operar un cambio. Debe ir a la par con la creación de una nueva cultura.

En resumen, los analistas sociales estiman que, por lo general, las microempresas tienden a solucionar problemas socioeconómicos de sobrevivencia y de subsistencia. Sin embargo, se argumenta también que un segmento de microempresas, bajo ciertas condiciones, puede alcanzar a niveles de acumulación y de desarrollo. Se pueden aún convertir en actores del desarrollo local.

En cuanto a la asociatividad entre microempresas, se  tiende a considerar que no es un tema fácil lograr. Sin embargo, aparece como indispensable para convertir a los microempresarios en sujetos y actores del desarrollo territorial. De allí entonces la creciente relevancia del fomento de la asociatividad empresarial. En una perspectiva de desarrollo territorial, no basta apoyar la formación de la asociatividad meramente intraempresarial e interempresarial, sino que se deba incorporar también una concepción más amplia de la asociatividad que trascienda los límites del universo empresarial.

En el caso del desarrollo territorial y de la estrategia de acción en la línea del desarrollo local, los analistas sociales plantean la importancia de la concertación de los actores y la construcción de alianzas público-privadas. Sin embargo se recalca la importancia de asegurar la calificación de las personas y colectividades para que adquieran nuevas visiones y actitudes. Se destaca también la importancia de la adecuación de las instituciones. Para asegurar el proceso de movilización de la población, cabe instancias reflexivas y estudios económicos y sociales serios, vinculados a espacios reflexivos participativos para lograr una toma de conciencia que movilice a las autoridades, la población y los líderes locales (entre otras, las microempresas turísticas) en un proyecto  de desarrollo endógeno y sustentable.

En el caso del carácter de la micro región de la Araucanía Andina, territorio con vocación turística, es de gran importancia afianzar la microempresa del rubro turismo y dinamizar su liderazgo económico y social.  Más aún, el ordenamiento territorial es de gran importancia en territorios donde coexisten intereses que se pueden  perjudicar o potenciar tales como la tala de los bosques y la explotación de los recursos turísticos.

II. La experiencia de desarrollo de doce microempresas turísticas de la     precordillera y el aporte de Araucanía Andina como nueva forma de     gestión público-privada

En esta parte el estudio se centrará a presentar los casos y sus actores, así como a analizar el discurso de los informantes en torno a los temas  que abordan en cuanto a las diversas realizaciones de las microempresas en turismo en Araucanía Andina.

Referirse a logros turísticos en comunas agrícolas no es tan común. Según un funcionario municipal de la micro región, en este contexto se suele dedicarse más a conversar de la promoción de la economía agraria y comentar logros tales como “la mejoría  del almacenamiento  genético, la calidad del ganado ovino, el establecimiento de praderas (Inf.15). Sin embargo, hoy en día en dichas comunas rurales, se producen también discursos referidos a logros en el campo del turismo y a su expansión.

El siguiente esquema lógico semántico resume los principales resultados del estudio.
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Esquema lógico-semántico No. 1: Los casos, actores y realizaciones

1. Los casos y los actores
2. Conversaciones sobre las realizaciones
            a) En torno a lo económico
            b) En torno a lo asociativo
            c) En torno a las relaciones con los otros actores locales
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II.1. La presentación de los casos y de los actores

Se ha señalado ya que los casos elegidos son unidades productivas en crecimiento. Son microempresarios que decidieron iniciar actividades turísticas o que ampliaron o mejoraron su infraestructura turística. Lo lograron mediante ahorros individuales y/o crédito de programas de Servicios Públicos Regionales. Se observan otros indicadores a partir de la conversación con los informantes tales como el creciente nivel de demanda y concurrencia de visitantes así como el nivel de ingreso que permite pagar el crédito y lograr un cierto nivel de excedente económico.

En cuanto a los casos elegidos, éstos son unidades individuales con o sin asalariado(s) (Casos 1; 2; 7; 8) o familiares con o sin asalariado(s) (Casos 3; 4; 5; 6; 9; 10; 11; 12). 

Los actores son, o bien las personas directamente vinculada a la actividad de la unidad productiva, o bien la red de personas o instituciones que se vinculan con la unidad de producción.

En cuanto a las personas directamente vinculadas a la actividad de la unidad, tenemos los  miembros de la familia, lo individuos dueños de la empresa y los empleados.

Según los casos estudiados, el núcleo familiar suma entre 2 a 5 personas. Cuando se refiere al núcleo familiar, se suele hablar de la pareja. En algunos casos,  la señora es la protagonista de la empresa turística (Casos 5; 9; 10), mientras que los demás miembros  aparecen con el rol de ayudantes: “ayudan en todas las cosas” (Caso 10), según su edad y disponibilidad. En otros casos, el protagonista es el esposo (Casos 3; 4; 6; 11 y 12). Sin embargo, se observa un clima de cooperación.

En cuanto al grupo particular de personas empleadas, salvo un caso que contrata cinco personas empleadas (caso 4), por lo general estas unidades de trabajo utilizan poco personal contratado. Se suele mencionar a una o dos personas como empleados estables (Casos 3; 9; 11) ya que el público suele pedir atención solamente por el día (Caso 4). O bien son contratados medio día como para el aseo y la comida o trabajos de oficina (Caso 9), o para todo el día (Casos 2 y 11).

Sin embargo, en ciertas circunstancias, en particular durante la estación alta, se puede acudir a más personal: “Cuando hay un evento” (Caso 3) o “cuando hay grupos que piden alimentación, -porque a veces hemos tenido dieciséis, dieciocho personas. O a veces hemos tenido setenta personas por el día con comida- ahí se tienen que buscar cinco o seis personas para atender” (Caso 4). Inclusive, en un caso, se menciona que en la estación alta, se alcanza a tener “veinte o treinta personas si se incluyen a estudiantes que ayudan con el orden y el ornato del parque, los salvavidas, la gente del kiosco, la boletería” (Caso 4).

A nivel del segmento que hemos entrevistado, se nota un sentimiento de orgullo por parte de micro empresarios por el hecho de poder contratar a algunos vecinos o vecinas (Inf. 5; Inf. 3 y 4).

En consecuencia, se tiene dos categorias de empleados: los empleados estables y los empleados estacionarios. En esta última categoría, se contratan usualmente durante la estación alta, o bien inclusive durante la estación baja cuando hay eventos especiales y mayor afluencia de público.

En cuanto a sus condiciones de contratación, el Catastro (IDER, 2003) precisa que la fuerza de trabajo en las seis comunas de la Precordillera a nivel de las empresas turísticas es de 730 empleados que se distribuye de la siguiente manera: 43% son trabajadores permanentes con contrato, 25% son trabajadores permanentes sin contrato, 26% son familiares trabajando y 6% son trabajadores temporales.

La Red de personas y organismos

Si ahora nos referimos a la segunda categoría de actores, o sea la red de personas y organismos en contacto regular con los actores de la actividad, los informantes nombran diversos tipos de actores, tanto del sector público, del sector privado, o de la sociedad civil.

En cuanto a actores pertenecientes al sector público, se nombra a Servicios Públicos tales como SERCOTEC, EMPRENDE CHILE, INDAP, CONADI, CORFO, SERNATUR, FIA, FOSIS, MOP, PRODER. Se nombra también al Gobierno Regional, la Asociación de Municipalidades, las autoridades de las seis municipalidades del sector, y algunos servicios municipales.

Se menciona también a colegas que se desempeñan en el rubro turismo en la Precordillera, cámaras de turismo y de comercio del sector, así como asociaciones tales como Araucanía Andina, Achitur.

Se nombran en forma genérica a los colegios que se desea buscar atraer a sus centros turísticos. Se destaca también a la Universidad de La Frontera en relación a una capacitación.
II. 2. Conversaciones sobre las realizaciones

Los informantes conversan y entregan elementos de balance y síntesis en torno a las realizaciones de las doce microempresas elegidas, lo que resume el siguiente esquema lógico semántico.
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Esquema lógico semántico No.2:   Balance de las realizaciones de las doce  microempresas elegidas
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A. En torno a las realizaciones económicas
B. En torno a lo asociativo
C. En torno a su vinculación con los otros actores locales
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A. En torno a las realizaciones económicas

Se observa que el discurso de los informantes aborda varios temas que describen las realizaciones económicas en lo turístico a nivel de la zona tales como

·  La emergencia de nuevos centros turísticos en el sector (como el Centro Termal de Malacahuello, el Centro de Montañas Corralco, el hotel “El Coihue” cerca de Malacahuello (Inf.6)
·  La ampliación de su infraestructura turística (Inf. 6; 3 y 4)
·  El incremento del flujo de visitantes durante el 2004 (Inf. 1; 2; 3 y 4; 7; 10)
·  El inicio de nuevas actividades relacionadas con el turismo (Inf. 15)
·  La rentabilidad (Inf. 3 y 4; 6; 5)
·  La calidad de su producto: (Inf. 3 y 4; 6; 7; 10; 11; 12). Se habla de “sello propio”, “buena  atención”, “cuidado de la naturaleza”, “turismo responsable”, “el apego a las  tradiciones”, “buena infraestructura”, “una multiplicidad de servicios”, “eventos turísticos”, “la buena acogida a la gente”,

En resumen, se destaca que los informantes a nivel de la muestra elegida comentan acerca de las realizaciones  de las doce microempresas en turismo en lo económico una situación turística en la zona en crecimiento, así como indicadores de crecimiento a nivel de las microempresas elegidas: ampliación de la infraestructura de los centros, incremento del flujo de visitantes, nuevas actividades vinculadas al turismo, rentabilidad los negocios y la oferta de un producto de calidad, con todas los diversos ejes temáticos de su cultura organizativa.

B. En torno a la asociatividad

Cabe recordar lo que se entiende por “asociatividad”, es decir el tipo de preguntas que los analistas sociales suelen hacer a la realidad según  los niveles de estudio. Tres son los niveles: la asociatividad al interior de la unidad de producción, la asociatividad interempresarial (o de tipo económico o político gremial) y las relaciones de los microempresarios con los demás actores locales.

La asociatividad al interior de la unidad de producción

En un primer nivel se suele buscar comprender las relaciones “en” la microempresa, es decir entre las personas y trabajadores que integran estas unidades económicas así como con los visitantes. Es la asociatividad interna.

Aún si la investigación no se ha centrado sobre el estudio detallado del tipo de relaciones al interior de la unidad de producción, sin embargo, se ha podido observar que, a nivel de las unidades de producción, aún si en lo formal se observan relaciones de diferenciación entre asalariados y dueños, sin embargo se destaca la tendencia a la cooperación.

Se observa también que la mujer, que tenga o no el liderazgo de la empresa, asume una gran carga de trabajo para operar las diversas actividades que conlleva la gestión y el cuidado de la empresa (Inf.3; 10; 11; 12).

Otro elemento que destacar: la mujer participa en los cursos de formación y adquiere, o fortalece, las habilidades que le permita consolidar su protagonismo (Inf. 3; Inf. 5; Inf.10; Inf.11; Inf.13). Este dato revela un liderazgo de las mujeres en este rubro, tanto aquellas mujeres del rubro de turismo como aquellas mujeres agrícolas que articulan actividades turísticas a los trabajos de la parcela. Se rompe entonces, parcialmente por lo menos, el patrón tradicional que sólo el hombre puede asumir las tareas de representatividad de la empresa en el entorno exterior.        

La Asociatividad interempresarial

Cabe reflexionar ahora en torno de las relaciones de las microempresas entre sí, a la vez  en cuanto a las expresiones concretas que toman, así como en las estructuras organizativas   que escogen para funcionar. Se mencionan también una serie de observaciones sobre la asociatividad a nivel de la micro región. Finalmente se distinguen entre la asociatividad interempresarial de tipo económica y la asociatividad  interempresarial de tipo político gremial.

Expresiones de colaboración entre microempresarios

Si bien se mantienen expresiones de competencia entre las microempresas, sin embargo se manifiestan también prácticas de complementariedad y de colaboración con otras empresas turísticas de la comuna y de la micro región, como lo manifiesta un informante: “Somos colegas. Así que a veces nos mandamos gente. La gente puede elegir según el precio y la calidad de los servicios” (Inf.4).

Esta colaboración no incluye solamente “mandarse gente”, sino participar en común en proyectos que organizan los Servicios Público para conseguir créditos, realizar en común actividades de publicidad y participar en cursos de formación.

Inclusive, esta colaboración se puede dar de manera informal entre colegas de otras comunas con las cuales los empresarios se sienten más afines (Inf. 9).

Las estructuras organizativas de colaboración

Los informantes mencionan la participación a las siguientes asociaciones:

·  El Comité de Turismo (Informantes de Melipeuco);
·  Las Cámaras de Turismo y de Comercio (Informantes de Curacautin,
·  Lonquimay, Cunco, Vilcún, Victoria);
·  La Asociación Rural Chilena de Turismo, ARCHITUR, promovida por INDAP
·  (Informante de Vilcún);
·  El Consejo Público-Privado de Turismo ARAUCANÍA ANDINA (Informantes de Victoria, de Vilcún, de Curacautin, de Lonquimay, de Cunco y de Melipeuco).

Evaluación de las estructuras

En cuanto a las Cámaras de Turismo, los informantes plantean que el dinamismo de éstas varía mucho de una a otra comuna. Algunas tienen una larga y exitosa trayectoria (Inf. 7; 18; 20), mientras que otras manifiestan dificultades tales que han debido unirse a la Cámara de Comercio para sobrevivir (Inf.17).

Los informantes que pertenecen a las Cámaras de Turismo del sector reconocen que no han logrado aún alcanzar adecuadamente a todos lo colegas, tanto a nivel urbano como a nivel rural, en particular a nivel indígena (Inf.11; 20; 21) Sin embargo contemplan realizar mayores esfuerzos para ampliar la membresía de la Cámara (Inf.10).

En cuanto a la apreciación con relación a Araucanía Andina, se destaca el adelanto que ha significado la creación del Consejo Público Privado en Turismo Araucanía Andina. Se enfatizan dos grandes logros: difundir información sobre la Precordillera como un destino turístico y entregar capacitación. Así lo describe un informante:
                                            
“Araucanía Andina ha logrado dar a conocer la región, la  zona como zona y destino turístico, principalmente por las promociones que ha hecho Araucanía Andina a través de proyectos donde están involucrados SERCOTEC, SERNATUR, PROCHILE” (Inf.21).

Ha logrado también “capacitación a través de los distintos entidades que han tratado de capacitar  en servicios turísticos, específicamente en cuanto a asociatividad y ese tipo de cosas. Se ha capacitado a distintos integrantes. Al inicio la capacitación nació como centralizada en Temuco. Ahora se ha abierto hacia las comunas para darle la posibilidad a todos” (Inf.5).

Sin embargo se destaca que el reconocimiento de Araucanía Andina como destino turístico “no está consolidado aún. Hay que trabajar mucho en ese sentido” (Inf.21). Reconoce que se está trabajando en este sentido, en una acción común, tanto públicos como privados, para lograrlo, o sea alcanzar a construir “un sistema turístico cordillerano” (Inf.21).

Tipos de asociatividad entre microempresarios turísticos: la económica y la político gremial

Los informantes distinguen dos tipos de asociatividad que se dan entre los microempresarios y describen sus respectivas expresiones. Se pasa luego a evaluar dicha asociatividad, mencionando logros y debilidades.

Cabe ahora describir los dos tipos de asociatividad identificados y sus expresiones. Una más económica: se busca asociarse para conseguir una complementaridad necesaria entre los servicios turísticos de la zona, así como una ayuda mutua para lograr realizar acciones de desarrollo turístico. La asociación a nivel de Cámara de Turismo es la estructura comunal que se utiliza para promover sus intereses sectoriales.

Un informante destaca su identidad (microempresario) y las consecuencias que ello trae (necesidad mutua). Se especifica que los microempresarios son pequeños. “Si queremos por ejemplo, armar diferentes productos turísticos, nos vamos a necesitar unos a otros. Porque el que presta alojamiento va a necesitar de las actividades turísticas, por ejemplo, cabalgata, excursiones, etc...  Va a necesitar también del reporte de otros servicios, hasta llegar a armar la oferta. Entonces ahí hay que trabajar asociativamente, nos necesitamos unos a otros” (Inf.7).

Otra informante recalca la idea de complementariedad entre los microempresarios y su diversidad de oferta de productos. Lo  relaciona con el concepto de “trabajar solidariamente”:

“Yo pienso que es uno de los ámbitos en el que se puede trabajar muy solidariamente, y así, es necesario comprender que el viajero viene en sus momentos de vacaciones a disfrutar momentos lindos. Por lo tanto, nosotros tenemos que tratar de darle lo mejor.  Y en realidad, acá podemos ser todos complementarios.  En este ámbito de trabajo, contrariamente a otros, no tenemos que verlo como competidores, sino que “yo ofrezco una cosa, usted otra”. Y mientras mas ofrezcamos de diversidad, mas vamos a poder satisfacer al viajero que viene a conocer, a disfrutar” (Inf. 14).

Se ilustra este trabajo solidario basado en la complementaridad de los vecinos: 

“La otra cosa, es que si yo ofrezco hospedaje y mi viajero quiere salir a caballo, a lo mejor mi vecino puede ofrecer los caballos, a lo mejor el guía lo encontramos en la ciudad y a lo mejor el asado que nos vamos a comer lo puede ofrecer otro campesino mas allá.  Entonces, podemos hacer muchas cosas solidariamente y de esta manera vamos a  ofrecer mas diversidad y por lo tanto, mas alegría al viajero, de conocer gente diferente, de ir tratando gente diferente” (Inf.14).

Dentro de las expresiones de complementariedad, el territorio no solamente ofrece diversos paisajes sino diversas culturas. De allí que el etnoturismo cobra importancia al introducir la posibilidad de multiplicar la oferta de productos a los visitantes:

“El visitante viene también a conocer un paisaje, pero también a conocer una cultura, una diversidad cultural.  Entonces de repente, nosotros no vemos como si va a perder un cliente... Y es lo contrario: mejor le va a usted y mejor me irá a mí”. (Inf.14). 

Esta complementaridad significa también colaboración entre el mundo rural y el mundo urbano:

“Y a veces, aunque no lo crea, cuando yo recibo gente en mi casa (centro turístico rural), repercute en la comunidad. Porque ya va a tratar de comprar la verdura en la localidad, o lo que se pueda, artesanía. Desarrollar diferentes actividades en la comuna. Un viajero que llega a nuestra casa, va a pasar necesariamente por la comuna, va a gastar en teléfono, en estampillas, va a entrar a un telecentro, a un negocio. Va a comprar, por último, cigarrillos. Pero también va a tomar bebidas. Va a comprar en el restaurant, etc., Entonces, en realidad, podemos ser todos complementarios, de eso tengo la certeza” (Inf.14).

La asociatividad político gremial

Se observa también un segundo tipo de asociatividad, o sea político gremial donde la asociatividad permite unirse para reclamar los recursos del Estado ya que es condición necesaria para varios proyectos. Lo ilustra el informante siguiente:
“Pero yo creo  que es importante que se haya empezado a instalar políticamente el turismo y a que tengamos acceso a los servicios públicos. Nosotros ahora, a través de Araucanía Andina, podemos ejercer un reclamo a los servicios cuando vemos que algo no esta funcionando bien. Porque no todos están a la altura, ni todos están tan comprometidos” (Inf.7).

¿Cómo interpretar la orientación de esta asociatividad político gremial? Sin pretender que todos los miembros de la asociación tengan esta orientación, de todas maneras, se observa en  la afirmación de un informante una lógica de acción que sobrepasa lo económico sectorial y busca diseñar un proyecto de desarrollo territorial autogestionario en una perspectiva de democratización y de empoderamiento, como las revelan las palabras del informante:

“Ahora, cada día Araucanía Andina se está haciendo más fuerte. Antes nosotros teníamos que hacer caso a todo lo que nos decían los estamentos públicos. Hoy día se puede decir que podemos levantar un poquito la voz y presionar un poquito y decir no. Nosotros queremos hacer esto con esta plata. Pero todavía no logramos encontrar el punto en que nos digan “ya”. Los estamentos públicos funcionan a un ritmo que no es el del particular. Por lo tanto, tenemos que ir haciéndole el ánimo de que a poco ir cambiando un poco las cosas. Esta parte todavía está cojita” (Inf.7).

En resumen, se observan diversos tipos de acciones de cooperación: cooperación en “mandarse gente”, realizar proyectos juntos para conseguir crédito, realizar actividades de capacitación y realizar actividades de publicidad del territorio y de sus empresas. Las estructuras organizativas privilegiadas son la creación de comité o Cámaras de Turismo, a veces autónomas, otras veces en solidaridad con la Cámara de Comercio local. Se observan dos tipos de asociatividad: una asociatividad económica y otra político gremial. Se reconoce también una variedad según las comunas en cuanto al dinamismo de estas asociaciones y necesidad de una mayor representatividad

La asociatividad con los demás actores a nivel local y extra local
Más allá de una cooperación económica con gente del mismo rubro, se da el caso de una cooperación más amplia, con miras a formar redes, inclusive, en ciertos momentos, se observa en el discurso de los informantes una preocupación que va más allá de la defensa y de la promoción de los intereses sectoriales de los microempresarios en turismo. Se observa entonces aspiraciones a promover actividades vinculadas a la vez al turismo y a la economía rural con miras a crear redes.

“Nos abocamos más a la comunidad, a los artesanos, a la gente del campo, y de hecho se puede hacer una cadena muy productiva con ellos y que beneficiaría en el tiempo a todos. Así que ese ha sido mi trabajo, mi protagonismo en este último tiempo. Nosotros no somos una asociación exclusivamente trabajando para nosotros” (Inf.8).

Se enfoca esta labor como “una labor social” (Inf.21). Un informante lo enfoca así y “busca llegar a toda la comunidad” (inf.21). Como lo manifiesta, no está solamente interesado en impulsar el turismo sino también: el licor de frambuesa, las mermeladas, los productos de árboles frutales del sector, la grosella que  tiene poco espacio. Y eso no necesita mucho riego. Ese trabajo social es el que me tiene más contento” (Inf. 21).

Esta preocupación está presente también en micro empresarios. A modo ilustrativo, una informante enfoca su trabajo para promover el sector artesanal como “una acción social”:

“En este minuto como la Asociación de Turismo ya está formada, nosotros estamos trabajando directamente con la municipalidad en capacitación con los artesanos. O sea, de hecho el turismo abarca todo lo que es el comercio en sí y nosotros elegimos potenciar un poco más los artesanos y con las herramientas a nosotros nos daba SERCOTEC. Hemos hecho algunas actividades, unas muestras de artesanías acá en Victoria. Hemos invitado a ciertas autoridades que nos vayan a ver y en esa función estamos trabajando” (Inf. 8).

La informante añade que las actividades se extienden también a promover el cultivo de la frambuesa y sus derivados: jarabe de frambuesa, dulces, mermeladas.

Más allá de una cooperación económica interempresarial, se observa también una preocupación estrictamente social cuando menciona también su trabajo con “muchas comunidades indígenas” que tienen problemas de abastecimiento de agua en el verano. “Estamos postulando a un proyecto para agua potable. Y eso significa que mejoran su calidad de vida, su entorno, su producción” (Inf. 8). Para lograr su cometido, se ha vinculado al Gobierno Regional para promover estos productos y proyectos.

“Hicimos un plan de trabajo para el próximo año. También relacionado socialmente,  más que nada con la sociedad, con los artesanos, con la gente de mi comuna y no en sí en la asociación. La asociación nuestra tomo un carácter más sociable, más para trabajar con la comunidad que para trabajar para nosotros mismos. Y eso yo ceo que se debe principalmente a que todo, la mayoría nos hemos capacitado dentro de la asociación, no somos muchos.”.

De hecho, manifiesta que se tiene la visita del Intendente el día martes. Plantea que está interesado en lo que se está haciendo (Inf.8).

Esta preocupación por la “gente de la comunidad” está presente en otros microempresarios. Una informante enfatiza la importancia de “crear redes”. “Si yo quiero promover el territorio, y no yo sola,  tengo que entender de que tengo que vincularme con la gente de la comunidad” Añade también la importancia de privilegiar una  mano de obra local en lugar de contratar gente de otra parte” (Inf.12).

Cabe también señalar el debate, previo a las elecciones municipales, convocado por los días 19 a 23 de octubre 2004 en las seis comunas señaladas que componen Araucanía Andina por emprendedores turísticos, el Programa de Descentralización y Desarrollo Regional Región Activa de la Agencia de Cooperación Alemana GTZ y el patrocinio del Consejo Público Privado de Araucanía Andina (El Diario Austral, 19-10-04).

Este debate desarrolló un ciclo de diálogos en donde todos los candidatos a alcalde han expuesto a una amplia audiencia compuesta por los miembros de las agrupaciones de turismo sus prioridades en el desarrollo turístico de la zona que impulsarán en la eventualidad de ser elegidos.

Se realiza esta actividad en el supuesto que el turismo es el principal motor de desarrollo, generador de empleo y riqueza para estas seis comunas que integran el territorio de Araucanía Andina. Se realiza este dialogo para potenciar los avances logrados en el fortalecimiento de las organizaciones de empresarios y de las relaciones entre éstos y otras instituciones. Se desea comprometer a los futuros ediles para que se hagan socios activos de este proyecto de desarrollo turístico. Interesa  al desarrollo de hoteles, residenciales, hostales, campings, restaurantes, cafeterías, termas, transporte, artesanos, comerciantes entre otros.

Si ahora nos abocamos a la evaluación que los informantes establecen entre las microempresas en turismo y las autoridades locales y regionales, así como los Servicios Públicos, se observa que el segmento estudiado ha logrado conseguir fondos de crédito y realizar actividades con instituciones del Servicio Público, aún si la relación con el municipio es, por lo general, más problemática, lo que ha dado lugar al debate con los candidatos a alcaldes.

Cabe señalar el inicio de una práctica por parte del Gobierno Regional hacia las Cámaras de Turismo que participan en Araucanía Andina:

“Ahora, el gobierno regional planteó el otro día hacer una redistribución de un monto que va haber para el año que viene para  inversión en agua potable, electrificación y caminos secundarios. Al respecto, las Cámaras de Turismo que integran Araucanía Andina van a tener que identificar los proyectos.  Se van a determinar cuatro, cinco o seis prioridades. Y eso se está haciendo con un sentido territorial” (Inf.20).

El informante vislumbra una nueva forma de gobernar. Cree que “Por primera vez se está ejerciendo la participación ciudadana. Yo creo que primera vez en la vida que se crean mesas de discusión y diálogo con respecto a la inversión.  Y eso, tiene tal impacto que hay que replicarlo, porque sería tonto no aprovechar esta instancia de participación, que no  existía, y que en la realidad, nunca existió….Es lo primero que hay de participación” (Inf.20). Recalca que se está observando un nivel superior de participación:

“Y uno se siente partícipe. No cuando le informan de lo que está sucediendo.  Porque nosotros aquí confundimos en una escala de la participación. También es importante de informarse...pero eso no es participación.  Participación es cuando mi opinión decide en la acción y eso aquí, realmente esta sucediendo” (Inf.20).

Luego de la reflexión anterior, se hace referencia a un ejemplo concreto donde se observó una plena participación:
“Ayer en la reunión de empresarios, se discutió y se planteó desarrollar la zona de Icalma que beneficiarían a las comunas de Lonquimay y de Melipeuco.  Entonces, los empresarios, adoptamos esa decisión. Pero es muy importante, lo que se nos dio ahora a las Cámaras de Turismo: el poder de decisión, o sea, la responsabilidad de identificar cuáles van a ser los proyectos y cuáles van a ser las inversiones. El año que viene, ya van a estar los recursos para que sean financiadas” (Inf. 20)
Un aspecto promisorio también es la labor de Araucanía Andina ya que está proporcionando un espacio para ir construyendo actores territoriales. En esta sentido, se reconoce en Araucanía Andina:

·       “Una orgánica institucional que se define como el proceso por el cual los municipios aprendan a adquirir una visión  territorial y no solamente local o municipal;
·       Un espacio donde los empresarios aprendan a tener una nueva visión y donde dejan de considerarse como adversarios entre sí, sino “aliados antes la acción del turismo”. 
·       Una instancia donde los organismos públicos aprendan a trabajar coordinados entre ellos, no por metas institucionales propias sino por metas globales que los involucren a todos.  Eso, quizás es lo primero” (Inf.21).

Otros empresarios informantes opinan en el mismo sentido. Se plantea que es un espacio donde  los emprendedores del sector privado y funcionarios del sector público puedan sentarse en la misma mesa, de igual a igual, a compartir sueños, ideales, públicos- privados.  Ya no con la dependencia del privado del público.  Eso ha cambiado nuestra relación, aún si se cree que falta aún en este sentido (inf.7). 

Una empresaria revela por una parte su motivación a participar: “Si uno tiene un poquito mas de experiencia tiene que compartirla”. Por otra parte, reconoce que es un espacio de debate de ideas y un espacio donde se aprende a superar la competencia desleal y a colaborar entre todos. Manifiesta también que es un espacio para mejorar el territorio en aspectos como un mejor aseo del sector, crecer y hacer crecer la conciencia cívica, turística y ambiental de todos los chilenos (Inf. 5).

Se reconoce también que ha habido un cambio de actitudes. Un informante estima que algunos de sus colegas empresarios han cambiado con relación a  la formación que se otorga a nivel del Consejo a los empresarios. Ahora creen que esta formación puede dar resultados en término de “ganar un poco más plata y un futuro para su negocio” (Inf.7), cambio que él considera de mucha importancia.

Este cambio de actitudes de los participantes es mencionado también por otro informante: Se relata que los empresarios que se integraron al origen de Araucanía Andina veían en el Consejo el pozo de recursos del cual ellos se iban a  beneficiar en lo personal.  Ahora ya ven que no es eso. Araucanía Andina es el fomento del turismo donde todos tienen que aportar para consolidar territorios  y ojalá, en un plazo mediano, dejar de necesitar del aporte estatal (Inf.21).

Lo ilustra el siguiente informante:

“El otro día, se habló por ejemplo, con el Ministerio de Obras Públicas, en cuanto al mejoramiento de los caminos. Facilitar eso es fundamental porque podríamos acceder a nuevos productos turísticos, a nuevas áreas de interés  y facilitar la conectividad para que esto se convierta realmente en un territorio.  El otro día, alguien hacía una crítica, de que si se mejorara la conectividad desde el punto de vista físico, el territorio estaría más unido y obviamente se podría ir trabajando en la consolidación de este espacio como un territorio (Inf.7).

Esta nueva forma de trabajar ha llamado la atención. Hasta se cree que el éxito de esta experiencia se puede convertir en un modelo de replicabilidad (Inf.21). De hecho, se está empezando a reconocer la importancia de esta coordinación micro regional que realiza Araucanía Andina. Se señala la visita de la coordinadora nacional y del encargado regional de SERCOTEC que venían acompañados de una persona del Ministerio de  la Hacienda, del Director de Turismo, del encargado regional, de una funcionaria de la Asociación de Municipalidades de la Región de la Araucanía y de una funcionaria del MOP. El interés era de participar a la evaluación del avance de esta iniciativa (Inf.20).

Ha venido gente del FOSIS a nivel nacional. Ha venido gente de SERCOTEC a nivel nacional…Gente de la embajada de Canadá que quiere conocer acá la experiencia.  Creo que no es algo casual.” (Inf.21).

Una empresaria asociada a Araucanía Andina confirma las aseveraciones de los informantes anteriores: “A mí me han entrevistado lo más variado y han venido de todo Chile” (Inf.8).
           
Conclusión

Este estudio proponía caracterizar un segmento de microempresas en turismo de la Araucanía Andina, describir sus realizaciones económicas, sus articulaciones entre sí y con los actores del territorio e indagar acerca del dinamismo de este segmento y su potencialidad para incorporar a los actores de las diversas comunas en un proyecto de desarrollo territorial.

Los informantes han confirmado realizaciones económicas importantes de las microempresas elegidas: logros de créditos y de apoyo, ampliación de la infraestructura de sus centros turísticos, incremento del flujo de visitantes, nuevas actividades vinculadas al turismo, rentabilidad de los negocios, oferta de un producto de calidad y destacada expresión de una cultura organizativa de “buena atención”. Se puede, sin lugar a duda, extender al segmento la observación del Catastro (IDER, 2003) que califica la empresa de una empresaria como un ejemplo excelente de trabajo en el rubro turístico. El Catastro comenta que no se identifica este éxito “directamente con las instituciones financistas o de apoyo, sino reconoce que la fuente de dicha calidad radica directamente en los empresarios. Son poseedores de una visión muy atractiva del turismo rural. Considerando su escasa preparación, han sido capaces de diseñar un complejo integral con un concepto rico en expresiones tradicionales campestres, complementado por un estilo rústico que brinda al turista un ambiente confortable y acogedor”.

Aún si estos datos exigirían mayor verificación, sin embargo existen serias presunciones que este segmento constituye un tipo de microempresas “en crecimiento” según la tipología de Rojas (1999), o sea una microempresa “que obtiene ingreso que permite incrementar el capital inicial invertido, generando un cierto nivel de excedente económico y por lo tanto diversos grados de acumulación positiva de capital” (Rojas, In González, 1999:33). Rojas contrasta este tipo con otros dos: las microempresas de “sobrevivencia” (que tienden a la descapitalización), las microempresas de “subsistencia” (retribuyendo los costos de operación).

El liderazgo asociativo de estas doce microempresas fue también comprobado así como su adhesión a una visión del desarrollo en el sector y a valores tales como la cooperación y la solidaridad entre empresarios turísticos en el desempeño de la actividad turística, el esmerado trabajo de los empresarios para asegurar una “buena atención” a los visitantes, una defensa del medio ambiente, una preocupación por el desarrollo de todo el territorio y de su población. Una informante atribuye un “sello propio” al desempeño turístico de los microempresarios del sector.

De hecho, los informantes se refieren a diversos tipos de acciones de cooperación que realizan los empresarios de la muestra: cooperación interempresarial en “mandarse gente”, promover la realización de proyectos juntos, conseguir crédito, gestionar actividades de capacitación y realizar actividades de publicidad del territorio y de sus empresas. Las estructuras organizativas (comités o cámaras de turismo), a veces autónomas otras veces en solidaridad con la cámara de comercio local. Varían las situaciones según las comunas en cuanto a la representatividad y al dinamismo de las cámaras de turismo que se caracterizan, en general, por su poca representatividad. En resumen, ¿estas observaciones no confirmarían el punto de vista que afirma que estas pequeñas unidades económicas son percibidas como formas productivas de bienes y servicios peculiares que expresan la centralidad del trabajo y las características de la cultura popular de nuestros países, expresadas en el plano de la economía productiva?

Más aún, se observan una asociatividad político gremial que ha logrado participar en la creación de una asociación público privado que empieza “a levantar la voz y presionar un poquito” (Inf.7) a los Servicios Públicos y a los municipios del sector para reivindicar el compromiso de las autoridades locales y extra-locales para el turismo en la micro región.
Se observa también una asociatividad económica. Informantes plantean que están “abocados a la comunidad, a los artesanos, a la gente del campo” (Inf. 8; también Inf. 7)) y pretenden crear una “cadena de producción y comercialización” (Inf.8) de productos tales como el licor de frambuesa, las mermeladas, los productos de árboles frutales del sector, la grosella, el queso, la artesanía. En este caso, consideran que están realizando una “acción social: no somos una asociación exclusivamente trabajando para nosotros” (Inf.8; Inf. 21).
Más allá de este inicio de una labor en la línea de una cooperación económica interempresarial, se observa también una preocupación social expresada por tres informantes (Inf. 7; 8; 21). Manifiestan que están iniciando un trabajo con comunidades mapuches para abordar problemas de abastecimiento de agua con miras a mejorar su calidad de vida, su entorno y producción e impulsar el desarrollo del territorio. Si bien cabe destacar esta orientación de acción, cabe también dimensionar su peso relativo y su carácter incipiente.

Se puede considerar que estos datos permiten plantear que el segmento de  microempresas en turismo estudiado se perfila como un actor social territorial emergente con una concepción de la asociatividad que empieza a trascender los límites del universo empresarial y  a desembocar en un compromiso social de desarrollo territorial que busca integrar a los diversos actores económicos y sociales del territorio. Se observa pues un núcleo que es un potencial para el desarrollo del territorio.

Sin embargo, cabe recalcar la importancia de seguir apoyando esta iniciativa y buscar ampliarla para que más alcancen adquirir más representatividad, consolidar su  nueva mentalidad asociativa y su competencia económica, así como su capacidad de propuestas, negociación y asociación en el diseño y la  implementación de planes de desarrollo comunal e intercomunal que dinamice su territorio.

Esta conclusión coincide con los resultados del Catastro (IDER, 2003). Éste plantea que los encuestados reconocen la existencia de buenas iniciativas empresariales turísticas y proyectos concretos que podrían potenciar fuertemente el tema del turismo en cada una de las comunas. Más aún, se afirma que existe una alta  motivación por participar de algún proyecto en forma asociativa, reconociendo por parte de los involucrados que hoy en día el asociativismo es una de las alternativas más viables para acceder a recursos para su rubro.

Si reflexionamos ahora sobre los factores de éxito de la experiencia, cabe recordar las condiciones que planteaban Salam Falls y Favreau (2003) y que favorecen el paso de las iniciativas económicas populares de un nivel de subsistencia o sobrevivencia a un nivel de desarrolloLas condiciones planteadas son:

·  “La primera condición de esta transformación se relaciona a la sociedad civil local: a) la economía se apoya sobre el capital social interno y externo; b) los responsables de los proyectos se organizan movilizando un financiamiento de apoyo, interno y externo  y un entorno favorable (Vigier, 1995)

·  Una segunda condición es de tener un Estado activo: a) que asegura su apoyo por ciertas políticas públicas; b) por legislaciones específicas, más específicamente en materia fiscal; c) en el marco de las nuevas formas de gobernanza local, por ejemplo alianzas público-privadas entre asociaciones, ONG, municipalidades, agrupaciones de pequeños emprendedores o comerciantes (Hansenne, 1999; Reilly, 1995; González e Hidalgo,1995) lo que hace posible la acumulación a otra escala: el apoyo a la puesta en red (asociaciones de pequeños emprendedores por ejemplo) y apoyo a la creación de dispositivos de formación y de comercialización, entre otros” (Salam Fall y Favreau, 2003).

Al revisar los casos estudiados, se observa que se  cumple la primera condición:

a) son empresarios que cuentan con un capital social interno (buena administración de los recursos financieros que les permitió movilizar un ahorro interno; gestión de los recursos humanos en una línea de cooperación);

b) y capital social externo (que les procura la capacidad de asociarse con otros empresarios y conseguir un apoyo externo) gracias a un entorno favorable (existencia de programas estatales para este tipo de actividades así como presencia de un capital natural que constituye el territorio con su stock de recursos naturales propicios para el desarrollo de su actividad turística).

Se cumple también la segunda condición: la presencia de un Estado activo:

a) que asegura su apoyo por ciertas políticas públicas (apoyo de INDAP a los agricultores que quieren diversificar su producción mediante actividades turísticas; ferias nacionales organizadas por INDAP para comercialización de los productos locales; apoyo formativo y técnico a las microempresas por parte de SERCOTEC; apoyo de SERNATUR  mediante la animación a la elaboración de planes de desarrollo turístico comunales; colaboración de la AMRA mediante conversaciones con el SECPLAC  y el FOSIS en el marco del proyecto del Corredor Bioceánico y mediante un papel de articulador entre los municipios y la institucionalidad pública regional, el GORE; el apoyo de la SUBDERE-GTZ mediante su Programa de Modernización y Descentralización de Estado, posteriormente Región Activa);

b) por legislaciones específicas como el Decreto Supremo No 290 que crea la “Comisión Asesora Presidencial para la Gestión del Programa Chile Emprende” en diciembre de 2004 cuyo objeto será contribuir al desarrollo del segmento de las micro y pequeñas empresas a través de su acceso a mercados y oportunidades de negocio, a su eslabonamiento en cadenas de valor y la creación de ambientes favorables al desarrollo de la competitividad, conforme a las realidades regionales en que operan; la decisión del Gobierno en febrero 2005 de asumir el turismo como una política de Estado);

c) en el marco de nuevas formas de “gobernanza” local (la creación el 30 de noviembre 2002 del Consejo Público Privado CPP conformado por dos empresarios del sector turismo de cada una de las comunas, los alcaldes de cada comuna, directores regionales de FOSIS, SERCOTEC, SERNATUR, CORFO, SENCE, INDAP, CONAF Y CONAMA, LA AMRA y un representante del GORE; asimismo se crea una Secretaría Técnica).

Se puede entonces estimar que la creación de este núcleo de actores territoriales con potencial para dinamizar este sector empresarial en una línea que trascienda los límites del universo empresarial es el resultado combinado de: a) los capitales tangibles e intangibles de los empresarios turísticos y sus capacidades de movilización; b) los apoyos externos, entre otros el esfuerzo de Araucanía Andina para potenciar la calidad del entorno de la microempresa con sus incentivos a la asociatividad.

Se puede entonces concluir con Salam Fall y Favreau (2003) que, “aún si muchas de estas iniciativas populares han quedado durante mucho tiempo en la sombra, a razón en buena parte de su carácter generalmente localizado, estas nuevas formas de solidaridad empiezan progresivamente a ser consideradas como un punto de anclaje esencial para un desarrollo económico durable”.

Más aún, los primeros resultados de los trabajos de la investigación internacional en curso tienden a confirmar que las iniciativas económicas populares dan su pleno rendimiento en el marco de un Estado activo y aliado con la sociedad civil y donde existe un espacio plural de cruce interactivo entre el mercado, el Estado y la sociedad civil (Favreau, 2005: 3-4).

Sin embargo, cabe recalcar que los logros son aún débiles e incipientes: el crecimiento económico no alcanza aún a dinamizar toda la economía del sector, la asociatividad a nivel de las cámaras de turismo tienen aún poca representatividad, los encadenamientos de valor son aún muy incipientes así como los compromisos político económicos de los empresarios turísticos a nivel del desarrollo territorial.
De allí la importancia de recordar los planteamientos de Vachon (1993), de Nicod (1999:14-15) acerca de las condiciones esenciales para el éxito de proyectos de desarrollo territorial en base a la concertación público-privada.

En coherencia con ello, es importante fortalecer el trabajo a nivel comunal e intercomunal en la línea de los planteamientos de la sociología del desarrollo local (Vachon, 1993; Tremblay y Montan, 1994; Donovan, 2000; Bernales, 2000; Donovan, 2004, Correa, 2001). Se argumenta que no puede haber proyecto de  desarrollo local sustentable sin la presencia de las condiciones siguientes:

·       Una toma de conciencia muy fuerte por parte de las autoridades locales, de la población y de sus líderes;
·       Una voluntad común de intervención expresada por los numerosos y diversos socios;
·       Una capacidad colectiva de lanzar y sostener un proceso y  proyectos de desarrollo;
·       Una valoración de los recursos humanos y materiales “territoriales”;
·       Un reconocimiento y un apoyo a las iniciativas locales de desarrollo por los representantes
·       locales, regionales y nacionales (Vachon, 1993: 120).

Al respecto, los estudios enfatizan la importancia de espacios creativos de reflexión participativa que deben convocar y movilizar a la población, líderes y autoridades locales. Estos momentos reflexivos deben anticipar y acompañar en forma permanente todo el proceso.

Se debe también contar con el apoyo de estudios en ciencias económicas y sociales para documentar y respaldar el proyecto. Una buena práctica en este sentido: el reciente estudio patrocinado por el Consejo Público Privado Araucanía Andina sobre las características de la demanda turística en la micro región realizado en febrero 2005.

Vale recordar un planteamiento de Goske (In González, 1999: 167) en torno al debate sobre el territorio como agente de desarrollo, donde enfatiza la necesidad de identificar palancas para el desarrollo del sistema territorio, palancas que exigen no solamente la promoción del fomento productivo sino también otros temas tales como la educación en cuanto al desarrollo económico y social del territorio. Efectivamente, consolidar espacios de debate sobre el desarrollo del territorio son palancas importantes que se deben asegurar en forma permanente para dinamizar un desarrollo territorial.

Eso es tanto más importante que el propósito no es solamente conocer la situación sino provocar una “toma de conciencia fuerte” y una voluntad común de intervención. Si no se logra provocar esta insatisfacción por la situación actual y una gran motivación y compromiso colectivo a cambiarla mediante un plan de acción común, la sustentabilidad de un proyecto de desarrollo económico y social corre serios peligros, más aún si es inducido desde el exterior.

La construcción de alianzas público-privadas exitosas no es asunto fácil nos recordaba Nicod (1999: 14-15): la experiencias de concertación público-privada a nivel de América Latina en las últimas décadas manifiestan que, si bien la planificación estratégica participativa se ha desarrollado en gran cantidad de municipios, identificando la demanda social, solo en escasos municipios se logró la apropiación y compromisos de la sociedad civil para la ejecución de la propuesta elaborada” (Nicod, 1999:14-15).

Se destaca entonces la importancia de privilegiar acuerdos para acciones a corto plazo y con claras reglas de juego. Por reglas de juego se entiende definir quien asume el liderazgo, los compromisos de cada cual (quién se pone con qué), el valor de las decisiones, quienes son los participantes, la modalidad de toma de decisiones y los mecanismos de seguimiento.

Cabe recordar que el espacio comunal es un espacio muy apropiado para que los actores sociales de la sociedad civil (con sus distintos componentes, en particular los microempresarios del sector turístico) puedan aprender a legitimarse frente a la colectividad, representar al colectivo, movilizar a los diversos grupos de la colectividad y a las autoridades hacia metas de desarrollo, controlar el curso de acción y relacionar la colectividad con el poder local y extra-local en pos de sus proyectos.

Si bien se puede aplaudir por los esfuerzos realizados por el Gobierno Regional, los Servicios Públicos y los Municipios en el contexto actual de la descentralización limitada, sin embargo, ¿los resultados observados, con sus fortalezas y debilidades, nos exigen seguir reflexionando sobre las estrategias concretas utilizadas hasta el momento y sobre la necesidad de una mayor descentralización en diversas instancias y aspectos a nivel nacional;  a nivel regional y en la relación región-municipalidades; así como a nivel local y en la relación con el sector privado, la sociedad civil y la participación? (Correa, 2001). Cabe insistir sobre la importancia que los protagonistas sistematicen su experiencia y formulen propuestas de ajustes a distintos niveles para que esta experiencia de alianza público-privada funcione mejor y llegue a institutcionalizarse.

En consecuencia, esta investigación apoya los primeros resultados de la investigación internacional en curso y tiende a confirmar que las iniciativas económicas populares dan su pleno rendimiento en el marco de un Estado activo y aliado con la sociedad civil y donde existe un espacio plural de cruce interactivo entre el mercado, el Estado y la sociedad civil (Favreau, 2005: 3-4). Sin embargo, se enfatiza también que el desarrollo territorial en la perspectiva del desarrollo económico local plantea a todos los actores involucrados el desafío de un cambio cultural y la adecuación de una institucionalidad que pasa por una necesaria descentralización que propicien las autonomías locales y la generación de actores sociales.

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[1] Patrick Donovan y Gonzalo Bravo son sociólogos, profesores de la Carrera de Sociología del Departamento de Ciencias Sociales (Facultad de Educación y Humanidades) de la Universidad de La Frontera. Ambos participan en una investigación internacional titulada “Creación de riquezas en contexto de precariedad: una comparación Norte-Sur y Sur-Sur (2003-2005)” que se realiza en Chile en red con la Universidad Academia Humanismo Cristiana (Santiago, Chile) y en Canadá, con la Universidad de Québec en Outaouais. El propósito de dicha investigación es describir y analizar la configuración de las prácticas de creación de riquezas por la economía popular, social y solidaria en contexto de precariedad y según las diversas formas de colaboración entre asociaciones, ONG, gobiernos locales y microempresas que este tipo de desarrollo induce. En Chile, un caso elegido ha sido la presente investigación de doce microempresas turísticas que participan en el Consejo Público-Privado de Araucanía Andina. Se ha prestado especial atención al estudio de sus realizaciones económicas, asociativas y su vinculación con los demás actores locales donde se insertan. Esta investigación en la Araucanía está patrocinada por la Dirección de Investigación de la Universidad de La Frontera (Proyecto No 120304) así como por la Fundación Andes (Proyecto No C-13755) y el Instituto de Desarrollo Local y Regional (IDER).

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